viernes, 1 de octubre de 2010

INÉS I


Conocí a Inés un día cualquiera de aquel otoño lejano. Puede que fuera a finales de noviembre, un día de esos en los que lo que menos apetecía era estar en la calle. La lluvia había hecho acto de presencia haciéndose dueña de las calles, obligando a los transeúntes a buscar refugio. Yo observaba el trasiego de gente a través de los cristales de la cafetería cuando la vi por primera vez.

Llegó envuelta en un abrigo tan gris como su mirada. Con el pelo empapado por esa lluvia de otoño inesperada.

Nunca podré olvidar la expresión de su rostro. Los ojos tristes y los labios apretados, como si temiera que de su boca pudieran escaparse las palabras.

Se sentó en la primera mesa que encontró a su paso, al lado de un ventanal. La vi mirar varias veces a través de ellos. Era como si temiera que el fantasma de su tristeza pudiera llegar de un momento a otro para llevársela.

Yo la miraba desde la esquina de la barra. Había bajado, como casi todos los días, a tomarme mi café.

De pronto una lágrima comenzó a recorrer su rostro lleno de tristeza. Había algo que me atraía hacia ella, no podía dejar de mirarla. No sé, quizás era la pena que flotaba en el ambiente o quizás era el presentimiento de que estaba necesitando ayuda y no era capaz de pedirla. Lo cierto es que no pude reprimir el impulso de acercarme a preguntarle que le pasaba.

- Hola. Llevo observándote un buen rato… ¿Qué te ocurre?

- No me pasa nada…

- Perdóname, no me he presentado, me llamo Sara.

- Inés…

- Desde que has entrado a la cafetería no he podido dejar de mirarte.

- No me pasa nada, de verdad…Caminaba por la calle cuando comenzó a llover. No llevaba paraguas y me he refugiado aquí.

- Sí, pero no son gotas de lluvia lo que veo resbalar por tu cara. Estás llorando…

- No ha sido el mejor día de mi vida, pero no pasa nada, ya estoy acostumbrada.

Inés guardó silencio y bajó la vista. Pude percibir en ella un atisbo de vergüenza. En ese momento comprendí que, salvo que ella me lo pidiera, no podría ayudarla.

Abrí mi bolso, saqué una tarjeta y se la entregué a Inés:

- Si en algún momento te apetece hablar no tienes más que llamarme. No importa la hora que sea, hazlo cuando te sientas preparada para contarme lo que te apena.

- No hace falta, de verdad…

En ese momento abandoné la cafetería, sin mucha esperanza de volver a tener noticias de ella.
Subí a mi despacho y volví a concentrarme en todos esos casos pendientes que me reclamaban.
Mientras tanto, Inés permaneció en la cafetería. Miraba la tarjeta que le había dejado Sara, sin fijarse en ella, y casi sin poder leerla. Un poco después, cuando la tila que se estaba tomando comenzó a hacerle efecto, empezó a leer:

Sara González Fajardo.
Psicóloga.
Instituto de la Mujer.
Consejería de Asuntos Sociales.


Continuará...


Ana


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20 comentarios:

Ana dijo...

Este relato lo presenté en noviembre del año pasado al premio "Encarna León" de Melilla.

Disculpadme por no pasar como quisiera por vuestros blogs. Ando algo más que liada.

Muchos besos y feliz fin de semana.

Winnie0 dijo...

BIEN BIEN Nuestra Sirena vuelve a su playa del blog y ni más ni menos que con un relato que ya me ha enganchado, BRAVO ANA y sigue y sigue. Un beso

MORGANA dijo...

Jopetas Ana,me has dejado intrigadísima.Espero que no publiques hasta el lunes,estoy líada también.
Seguro que me encantará.
Besos y cuídate.

Alijodos dijo...

este relato me huele a malos tratos no? La verdad es que me gusta como lo haces ana...Feliz fin de semana guapa...Un beso...

anapedraza dijo...

¡Hola Ana!

¡DISCULPADA!, ¡JAAJAAAAA!

Ummmm, nos dejas con la tensión...

¡Con mucha tensión!

Miguel

Sensaciones dijo...

Me encantaaaaa...y ya decía yo que me sonaba...jajajaja, por cierto, no me dijiste qué te dijeron!!

me alegra mucho tu vuelta!!!

Un beso enorme niña!!!

añil dijo...

Me gusta, estoy impaciente por saber cómo sigue.

Un beso

Manolo Jiménez dijo...

Prometedor comienzo, espero con ganas la continuación.

Y está usted más que perdonada, reina.

Abrazos.

F. J. Zamora dijo...

Promete el relato, y no te preocupes por no visitar, que mas da si te vienen a visitar a ti.

alex dijo...

Muchas veces el silencio y los ojos gritan más la necesidad de la ayuda, que una palabra... a ver como continua.

Un beso cielo

Anabel Botella dijo...

Veo que has vuelto. Espero muy pronto la continuación.

Un besazo, guapa :)

Arantza G. dijo...

En espera....
Besos guapa

Montse dijo...

Un relato que nos va hacer esperar con impaciencia su continuidad.

Montse dijo...

Este relato promete ser interesante, esperamos la segunda entrega.

fiaris dijo...

A mi ya me enganchaste amiga,un gran abrazo.

Cornelivs dijo...

Intrigante y prometedor relato. Estaremos pendientes.

Besos.

Josep Capsir dijo...

Cautivador inicio, creo que puedo hablar por los demás si digo que NO TARDES MUCHO EN DECIRNOS LO QUE LE PASA A INÉEEEEEEEEEEEES!
Me esperaré atrapado en esa cafetería.
Un beso.

HADALUNA dijo...

Leñe, conforme iba leyendo pensaba "jolin, me suena"...jajaja...claro, tuve el privilegio de leerlo entonces.

Besitos.

santiago dijo...

bueno, continuamos con tu historia, en principio me ha gustado.
Un abrazo y un placer leerte

Paco dijo...

Hola, Ana.
¿Sabes de quién es las fotografía que acompaña el post? Muchas gracias.

Saludos

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