viernes, 8 de octubre de 2010

INÉS III




Se levantó a duras penas y casi sin pensarlo, cogió una bolsa de viaje en la que guardó lo indispensable.

Después, se sentó en el sofá de su pequeño salón, intentando poner sus ideas en claro, sin saber muy bien qué hacer. Y fue en ese momento cuando recordó la conversación que había mantenido con Sara. Sacó la tarjeta del bolsillo de su pantalón y comenzó a marcar nerviosa su número de teléfono.

- Si…

- Sara, soy Inés. Nos hemos conocido esta mañana ¿Me recuerdas?

- Si, por supuesto que te recuerdo. ¿Qué ocurre?

- Necesito ayuda…

- Dame tu dirección y estaré ahí lo antes posible…

Inés miraba su reloj inquieta cuando sonó el timbre. Como pudo, se levantó para abrir la puerta.

Era Sara, que tras la llamada de socorro que le había hecho Inés no pudo más que salir lo más rápido posible para auxiliarla.

Al llegar se encontró a una Inés aún más abatida que cuando la había conocido por la mañana. En su rostro se veían las secuelas de la paliza que su marido le había dado un rato antes.

Al verla, Inés se abrazó a ella, buscando cobijo en su pecho, como si fuera una niña asustada.

- Inés… ¿Qué ha pasado?

- Me he entretenido esta mañana más de lo debido y cuando él ha llegado el almuerzo no estaba sobre la mesa. Venía borracho, como casi siempre, y la comida ha sido la excusa para comenzar a pegarme. Probablemente lo habría hecho de cualquier manera…

Sara observó que Inés había preparado una bolsa de viaje.

- ¿Son tus cosas?

- Si…

- Venga, que nos vamos…

Inés tomó en su mano el pequeño equipaje que había preparado un rato antes y echando un último vistazo al salón, cerró la puerta.

Se agarró a ella, sintiendo que le fallaban las fuerzas.

Ambas salieron a la calle y se montaron en el coche de Sara.

- Inés, te voy a llevar al hospital. Allí un médico te examinará para poder emitir un parte de lesiones, con el que podremos pedir una orden de alejamiento.

- Tengo miedo…José no se va a quedar quieto…Me buscará y si me encuentra, no podré contarlo.

-No temas, estoy aquí para protegerte. Una vez que tengamos el parte de lesiones, acudiremos a la comisaría para denunciar los hechos, la policía lo detendrá y el juez se encargará de dictar la orden de alejamiento. No vamos a dejar que te ocurra nada.

Llegaron al hospital por Urgencias, y una doctora comenzó a examinar con detenimiento el cuerpo menudo de Inés. En él convivían las lesiones de esta última paliza con otras anteriores, en diferentes estadíos de resolución. Al terminar la exploración, la doctora comenzó a redactar el parte de lesiones con gesto serio. Una vez terminado, se lo entregó a Inés, no sin antes recomendarle que acudiera con él a la comisaría más cercana. El canalla que le había hecho eso no podía seguir impune, pero es que además ella daría parte de los hechos a la autoridad. Era su obligación.

Salieron del hospital, y con el documento en su poder, se encaminaron a la comisaría para interponer la denuncia. Allí la atendió una agente del Servicio de Atención a la Mujer. Le entregó un formulario que debía rellenar para solicitar protección, y que Sara rellenó, ya que Inés estaba sumamente nerviosa.

- Dame, si quieres lo relleno yo…

- Te lo agradezco, de verdad…Creo que no sería capaz ni de escribir mí nombre.

Sara rellenó el formulario con los datos que le fue dando Inés y se lo entregó a la agente de policía.

En ese momento, se puso en marcha el mecanismo de la Justicia. Detuvieron a José y el juez, tras tomarle declaración a ambos, le impuso una orden de alejamiento.








Inés estuvo viviendo durante un tiempo en un piso tutelado, acompañada de otras mujeres en sus mismas circunstancias. Durante ese tiempo recibió asistencia psicológica y se apuntó a un taller donde aprendió a coser, gracias a ello encontró trabajo como modista, haciendo arreglos de ropa para algunas tiendas.


Hoy después de mucho tiempo, la he visto de nuevo. Ya no queda ni el rastro de aquella mujer triste del abrigo gris que conocí aquel día lejano de un otoño cualquiera. Hoy una sonrisa brilla en su cara, pero a pesar de todo, no puedo dejar de preguntarme qué habría pasado si no la hubiera encontrado aquella mañana lluviosa en la cafetería y no hubiera podido ayudarla. Probablemente habría sido un número más dentro de las estadísticas de los casos de violencia doméstica que acaban en muerte, uno más de esos casos anónimos que nos sobrecogen cuando escuchamos las noticias.


Afortunadamente aquel día de otoño la encontré, o ella me encontró a mí, no lo sé. Lo único cierto es que a raíz de aquel encuentro, Inés volvió a vivir…


Ana


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24 comentarios:

Winnie0 dijo...

Ana..gracias por este final esperanzador...que no feliz...porque es difícil ver la felicidad destrás de maltratos. Gracias por darme una luz en mi mañana. Un beso

MORGANA dijo...

Por suerte todo acabó bién.
Te dejo un regalo en mi blog
Cuídate.

anapedraza dijo...

Ana,

Me pones los pelos de punta al leerte.

Por lo menos Inés salió del agujero.

¡Un besazo!

Miguel

ana dijo...

Buenos dias niñaaaaaaa.

Volví, pero lentamente, sin agobios.

Sorprendente la manera en que has vuelto. Y esta Inés me ha encogido por momentos el corazón.

No pares, ehhhhhh.


Un besazo.

RAMPY dijo...

Hola, Ana, ojalá todas las historias de malos tratos terminaran con ese final lleno de esperanza.
Besos
Rampy

Cornelivs dijo...

Texto comprometido, serio, riguroso; muy bien escrito.

Ojala esta lacra (la violencia de género), pronto sea...historia.

Un abrazo.

Manolo Jiménez dijo...

Si no la hubiera encontrado podría acabar en la prensa como un número más a reprobar, o ser una de tantas mujeres humilladas por borregos que sufren en el anonimato.

Excelente relato.

Abrazos.

Josep Capsir dijo...

De vez en cuando, quizás en el momento más oportuno se nos aparece un ángel de la guarda. Inés tuvo suerte y supo reaccionar, otras muchas no tuvieron la suerte o no tuvieron a ese ángel de la guarda.
Muy bonito Ana.
Un beso.

salvadorpliego dijo...

Impactante!!! Y es triste pensar que es algo que ocurre a diario.

Un fuerte abrazo.

Montse dijo...

En esta historia, hay un final feliz, pro ¡cuantas mujeres se quedaron en el camino!. Cruel pero como la vida misma. besitos.

Maria Renee Batlle dijo...

Son historias que se dan a diario. Pero el final tan optimista, me ha gustado mucho. Nunca se sabe cuándo te vas a topar con un ángel guardián.
Besos.

Sandra Gutiérrez Alvez (Seda) dijo...

Ana: vuelvo para saludarte y estoy leyendo los relatos de Inés, te felicito, son realistas y muestran lo que muchos esconden.
un besote.

alex dijo...

Afortunadamente, siempre hay gente pendiente de los demás y que se percatan de cuando alguien lo está pasando mal. Ojalá hubiera más historias así.

Un beso cielo

Adolfo Payés dijo...

Un paso inesperado ante tu espacio, me doblego y acaricio así tu presencia escrita…

Pido disculpas por mi ausencia y por este pequeño mensaje, que publico en la mayoría de los blog que visito.

Un abrazo
Saludos fraternos a todos…

Fiebre dijo...

Estaba expectante en ver cómo acababa Inés.
Gracias a Dios que ha sido bien.

La pena es que hay muchas "Inés" que están tan machacadas (y no por los golpes) que vuelven sobre sus pasos creyéndose culpables y merecedoras de lo que les sucede.

Y el sistema se está colapsando de "supuestos" Ineses y Josés que sólo quieren una prueba en papel contundente para un divorcio fácil.

Te juro que este tema hay días que me supera. Quisiera abarcar con mis brazos a todas las Ines verdaderas y me siento impotente...
Porque sólo trabajo con números "vacíos de contenido" y la mayor parte de las veces falsos.

Las Inés no vienen aquí salvo excepciones.

Abismo dijo...

He venido a ponerme al día en esta historia de Inés... me gusta el final, hay encuentros siempre maravillosos que nos llevan a un nuevo lugar en nuestra vida, sólo hay que abrir los ojos para verlo!

Besos abisales sirena

Rochitas dijo...

ups! he comenzado por el final. Dicen que todo encuentro casual es una cita.

apm dijo...

Tremendamente realista... !la de Ineses que habrán vivido las mismas experiencias y habrán sentido los mismos temores y las mismas sensaciones que tu has escrito!, lamentablemente es así, la suerte de encontrar una ayuda a tiempo es fundamental y determinante, y es ese puente que hace que no entres en las terribles estadísticas de la violencia de género.
El final del relato es un canto a la vida, al renacer, a la superación y a la esperanza misma, un canto que merece ser cantado y al que se aferren tantas y tantas mujeres maltratadas.

Un besote gordisísimo

Norma Ruiz dijo...

Ana:
¿cuantas Ines hay en el mundo?
que sufren de violencia y maltrato.
es necesario tomar conciencia.
y ser solidarias con el género.
brindarles contención y apoyo psicologico.
real y tristemente sucede éste tipo de tragedias, que a veces termina en la muerte.
besos gigantes Ana querida

Cele dijo...

Inés es una afortunada, por conseguir salir de donde muy pocas salen.
Muy bueno el relato.
Un abrazo Ana

MA dijo...

Hola Ana extraordinario relato de las duras vivencias de Inés, la vida la maltrato y salio de la viva del maltratador y volvió a vivir.

Amiga te invito a leer los poemas de un concurso literario de poesía donde participo, los poemas enviado son inéditos , desde mi blog puedes acceder y si crees que merezco tu voto pues desde ya gracias ,tienes que votar a cinco concursantes y tus amigos y seguidores también pueden votar gracias.
Un abrazo de MA para ti y para tus seguidores.

embrujo dijo...

OJALA LAS HISTORIUAS DE MALTRATO TERMINARAN TAN ESPERANZADORAS COMO ESTA BESITOS

toñi dijo...

Hola Ana. Hace mucho tiempo que no pasaba por aquí pero a pesar de eso no me he olvidado de ti. He leído las tres partes de Inés y como siempre me ha cautivado la forma de escribir que tienes.
La historia de Inés afortunadamente termina bien. Ojalá que todos los maltratos terminasen de igual forma.

Muchos besos

Ana Márquez dijo...

Un tema de actualidad, por desgracia :-(
Buen relato, amiga, un abrazo.

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